Daddy

Daddy

Las familias bilingües vienen en muchos formatos. La nuestra tiene un Daddy. Eso significa que, si bien mis hijas hablan castellano conmigo casi todo el día, una vez que Daddy llega a casa, el inglés llega también, y nuestro idioma familiar es, muy a mi pesar, inglés.

Yo debería haber anticipado este obstáculo. Cuando Dave y yo nos conocimos el no hablaba nada de castellano, y desde muy temprano me dí cuenta de que los idiomas no eran lo suyo: su interés era más que nada cosas que no se pueden repetir en frente de menores, y le encantaba inventar un idioma medio, que solo yo, que vivía con él y me conocía todos sus chistes de memoria, podía entender. Su primer frase gramaticalmente correcta en castellano fue: “Me gustan tus tetas”, seguido por “la mejor mujer del mundo” (frase que usa al día de hoy con frecuencia, cuando necesita congraciarse conmigo). Su momento de más orgullo fue cuando logró unir su palabra favorita del castellano con el show de De La Guarda que acabábamos de ver: “Analmente con Fuerzabruta“. Pero la mayoría del tiempo su castellano es ininteligible, como por ejemplo cuando describe algo muy fácil como “el pedazo de la torta”  (a piece of cake), o cuando quiere avergonzarme llamándome “pedorra pantalones” (farty pants). Lo obligué a hacer uno de mis cursos de español y dos trimestres más tarde lo tuve que echar porque no hacía la tarea y se la pasaba haciéndose el gracioso.

Todo esto no tendría la mas mínima implicancia si no fuera porque hoy, casi 10 años después, me encuentro envidiando a mis amigas de maridos hispanoparlantes, en cuyas familias el castellano es el idioma en el que hablan naturalmente…

Cuando Liila nació, como buena madre primeriza tenía mil ideas respecto de cómo serían las cosas, y una de ellas es que yo le hablaría exclusivamente en castellano, y que de esa manera Dave aprendería también. La vida vino a demostrarme que eso no era posible: si bien Dave empezó a entender mucho más, también empezó a inventar mucho más, y apenas nos encontramos con la tarea de disciplinar a Liila me dí cuenta de que hablo muuuuuuucho más inglés del que me gustaría, para asegurarme que Dave y yo pongamos las mismas pautas …

Muchas veces me pregunto cuánto va a afectar todo esto al castellano de mis hijas. No puedo cambiar a Dave, pero si puedo hacer que me apoye en ésto que es tan importante para los dos: que nuestras hijas hablen castellano como yo. El más que nadie sabe lo difícil que es aprender otro idioma de grande, y puede ver las puertas que el ser bilingüe me abrió en mi vida. Si bien puede que mis hijas el día de mañana me digan “mami, hay mucho ventito” (viento en Dave), tengo que valorar el marido que se banca viajar una hora y media a la casa de su mamá escuchando El Sapo Pepe por el futuro de sus hijas.

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3 pensamientos en “Daddy

  1. Genial, hija. Tu mejor post hasta ahora y muy divertido además, con anécdotas que, obviamente, nunca me habías contado. ¿Qué le contestás cuando te dice “farty pants” o su equivalente en su castellano pedorro? Cheers, and full speed ahead! Tu Pa

  2. Pingback: Competencia para “traductores” | Ahoramente

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