La enojada

Era sábado. Después de una semana larguísima, con Bianca con fiebre y mil cosas que hacer antes de navidad, yo no veía las horas de que fuera sábado. Pero tal son las cosas que Dave me mareó con “tener que ir a llenar la garrafa del asador y poner nafta al auto” y ahí estaba yo otra vez: sola, en casa, atendiendo a las nenas. En sábado.

No me malinterpreten: amo a mis hijas. Pero estoy con ellas absolutamente todos los días a todas horas, y justamente porque las amo necesito recreítos de ellas, para cargarme las pilas y volver a tenerles paciencia…

Para sumar al clima de mi mala onda, Liila había tenido un cumpleaños el día anterior, lo que significa torta + caramelos + papas fritas + galletas + gaseosa= pasada de vueltas, increíblemente sensible, demandante…

Liila: -Mami, quiero hacer pis.

Yo (con la escoba en la mano, barriendo los restos de almuerzo de Bianca): -Bueno, dame un segundo.

Liila: -¡Es que me hago!

Yo (largando la escoba): -Bueno, vamos.

Liila: -¡No mami, por ahí no!

(Resulta que en mi casa se puede ir al baño por el lavadero o pasando por la cocina y el pasillo, yo estaba cerca del lavadero y Liila también, pero a ella se le puso que había que ir por el otro lado)

Yo: -Hija, es exactamente lo mismo.

Liila (con los ojos vidriosos de lágrimas): ¡No mami, no es lo mismo, por allá, quiero ir por allá!

Yo: -Bueno, andá vos por allá y yo voy por acá.

Liila: -¡No, las dos, conmigo mami!

En eso viene Bianca, con una bota de goma de Liila en un pie y la esencia de vainilla en la mano. Al ver que yo estoy “ocupada” decide ir al patio.

Yo: -Amor, es exactamente lo mismo, estamos a dos pasos…

Liila (llorando, como si esta situación fuera lo peor del mundo): -¡No es lo mismo, por el lado largo, mami, por el lado largo!

Por el rabillo del ojo veo que Bianca está al lado de la piletita con agua, metiendo apenas los deditos.

Yo (respirando MUY hondo): -Está bien, hija, vamos, pero rápido. ¡Bianca, vení con nosotras, que no quiero que te mojes!

Bianca, por supuesto, hace como que no me escuchó. Llegamos al baño, y me preparo para sentar a Liila en el inodoro.

Liila (ahora llorando desconsoladamente): -¡No, mami, en el inodoro no! ¡En la pelela!

La pelela, señoras y señores, estaba en el lavadero, en donde estábamos nosotras dos minutos antes, discutiendo qué camino tomar hacia el baño. Contando hasta diez, voy al lavadero a buscar la pelela. Por la ventana veo que Bianca agarró una de las regaderitas de plástico, que estaba en la piletita, y con cara de experimento, vaciaba su contenido en su vestido.

En ese preciso momento, Liila, llorando: -¡Mami, dale, la pelela!

Yo (gritando y perdiendo la poca compostura que me quedaba): -¡Acá tenés la pelela! ¡Hacé pis y dejame en paz!

La dejé meando y me fui a buscar a Bianca que para este entonces estaba empapada. La cambié y la dejé jugando con cosas secas en su pieza. Cuando volví al baño, Liila estaba todavía sentada en la pelela. Un poco mas calma, le pregunto si terminó y me dice que si. La limpié. Me voy a lavar las manos y en eso me doy cuenta de que Liila me mira, paradita al lado de la pelela.

Yo: -¿Qué pasa, hija?

Liila: -Mami, ¿se te fué la enojada?

Y así como vino, la enojada se fue. Y volví yo a darle un abrazo a mi hija. Y mientras la abrazaba pensaba que no, esta vez no valía la pena corregirla.

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