Navidad

En Argentina, la Navidad, se festeja el 24 a la noche. A las 12, se brinda con champagne, o sidra, y se dice  “Feliz Navidad!” con el mismo entusiasmo que se dice “Feliz año nuevo”. Se levanta la copa, se mira a los ojos y se viene el abrazo. Y en esos pocos minutos en los que se saluda a los más cercanos se siente igualmente la fuerza del “otra vez juntos” y la tristeza de todos los que ya no están. Como todas las cosas en casa, la Navidad se celebra desde el corazón.

Por eso, cuando estamos en extrangia, la carne al horno con papas nos sabe a hielo. No tiene el olorcito de Los cachetes tu sobrino, ni la protección del abrazo de tu Viejo. La navidad, para el exiliado, es uno de los días más tristes del año.

Desde el año pasado, decidí celebrar la nochebuena con el ghetto en casa. En el ghetto, todos sabemos lo que es sobrevivir sin las charlas diarias con las hermanas, y que nuestros hijos crezcan con el regaloneo cibernético de tíos y abuelos. Que no tengan quien los venga a ver al acto del colegio. Que se pierdan el amor infinito, el incondicional. Sabemos lo que duele la distancia, la ausencia, no importa por cuánto tiempo haya pasado. Brindamos, nos miramos a los ojos y sabemos.

Y así, casi sin darnos cuenta, la historia se repite.

¡Salud! Por la familia, y por la elegida.

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