Independencia

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Liila con Morgan, una de sus amigas con las que hacemos intercambio

Desde que decidimos no mandar a Liila al jardín de infantes: esa semana el martes se quedó a almorzar y a jugar toda la tarde en la casa de una amiga, el miércoles se fue a la casa de otra desde las 10 de la mañana hasta las 3 de la tarde, y el viernes se quedó a comer y jugar en la casa de otra amiga y durmió tres noches seguidas toda la noche en su cama (generalmente se cruza a la nuestra a eso de las 5, mientras la llevábamos al jardín se pasaba a la 1). En ningún momento lloró o pidió estar con su mamá. Muy por el contrario, cuando la dejaba salía corriendo y ni siquiera se daba vuelta para ver si ya me había ido.

En vez del jardín, dos mamás amigas y yo empezamos un esquema de visitas, en el que un dia tengo yo a sus hijas y otro ellas tienen a Liila. Para las mamás que no cuentan con el apoyo de la familia por diferentes motivos, como nosotras, esta amistad y estos pequeños acuerdos son vitales. Nuestros hijos aprenden a ser independientes en un ambiente familiar, con gente que genuinamente los quiere.

La vida me ha demostrado que hice bien en esperar para “institucionalizar” a Liila, y enseñarle a su vez la importancia de la amistad, la familia que uno elige 😉

Mientras seamos felices…

Primer día de jardín de Liila. La cara lo dice todo.

Primer día de jardín de Liila. La cara lo dice todo.

Llegó el momento de que Liila empiece el jardín. Busqué en el que dos de su mejores amigos podían compartir sala con ella. Debo aclarar que Liila y yo tuvimos la suerte de no necesitar que ella fuese a la guardería, lo cual significa que ella, a los casi 4 años, iba al jardín por primera vez.

Cuando fuimos a la “orientación” ya me decepcioné un poco. Esperaba que las personas que iban a estar a cargo de Liila se presentasen con ella y le demostraran un poco de cariño.

Será que tengo por hermana a la mejor maestra jardinera del mundo. O será que tengo la expectativa muy poco realista de que en esta cultura sajona la kindy teacher se enamore de mi hija y la reciba con un abrazo y un beso. Quizás es que recuerdo claramente tener su edad y negarme a ir a toda guardería a la que se me mandaba – en esta no me gustaba la seño, en aquella los chicos me querían pegar, en la de más allá me aburría – sólo porque quería estar con mi mamá, como si supiera que teníamos contados los días para compartir juntas. La cosa es que ésta experiencia no es difícil solamente para Liila.

Me armé de coraje y sobreviví a la primera separación, a pesar del llanto desgarrador y de la carita de desolación total de mi hija. Tuve que ir a buscarla a la hora, porque la teacher no tuvo la mejor idea que decirle que yo me había ido a Playgroup, que queda al lado. Ella esperó a que saliéramos a jugar al patio pegada a la verja, y apenas me vió salir empezó a gritar “maaaaamiiii” con un hilito de voz que ya lloro y que no entiendo por qué te vas a playgroup con Bianca y me dejás acá sola …

El miércoles fue peor. Me llamó la profesora para decirme que había llorado menos que el lunes, y que me quedase tranquila que ya no estaba llorando más. Aproveché para hacer las mil cosas que el tener a una sola me permite hacer, y fui a buscarla. La sala estaba llena de chicos que comían su almuerzo, charlaban, se reían. Liila estaba sola, en una esquina. Tenía un libro en la mano pero no leía. Sus ojos parecían diques a punto de estallar y me esperaba con la mochila puesta. Quienes conocen a mi hija saben que la imagen de esa nena no es Liila.

Al charlar con la ayudante de la clase me entero que así pasó todo el dia, que no quiso jugar con nadie ni hacer nada. Que a pesar de eso, ella y la teacher se tomaron el break del almuerzo a la vez y Liila quedó sola con adultos que era la primera vez que veía. Que la llevaron a la sala de profesores, llorando, para que ella viera que estaban ahí, que no se habían ido. Que así y todo se quedaron juntas en su break y a pesar de que Liila estaba llorando y que les había dicho que se quería ir a su casa, a mí nadie me llamó.

Después pasaron un par cosas que me harían reflexionar.

El viernes, después de la visita de mi amiga Miriam con su hijo Dan, Liila me pide si se puede ir a la casa de ellos. Con un entusiasmo característico, preparó todo y en dos segundos estaba lista. Ya iba por la esquina cuando le dije “¿me das un beso de chau?”. Su mirada cambió de inmediato. Vino corriendo, se me prendió al cuello y no hubo forma de bajarla.

Cuando hoy Dave le preguntó si quería que él la llevase al jardín mañana, esa mirada volvió, y otra vez el llanto, y otra vez pegada a mi sin consuelo, pidiendo que no, que por favor no quiere ir, que cuando sea más grande. No pude con ella. Decidimos que intentaremos otra vez en un par de meses, quizás en otro jardín.

Siempre supe que la separación iba a ser difícil y traumática. Tampoco me extrañó la frialdad de las teachers de acá, que ni abrazan ni acarician para no demostrar favoritismo. Y no me malinterpreten: amo a Australia, a los australianos, a la vida que llevo acá y a los amigos hermosos que me ha regalado a mí y a mis hijas.

Es el sentirlo como un fracaso lo que me jode. El pensar que dirán, el miedo a ser juzgada como madre. Cuando en realidad está bien, cada chico tiene sus tiempos, y cada madre también. Y cuando encima tenemos que lidiar con diferencias culturales y distancias de nuestras familias que no solo nos contienen emocionalmente a nosotras sino también a nuestros hijos, tenemos que resignarnos a que los parámetros no son los mismos.
Mientras seamos felices…

De vuelta

Las enanas, felices en su reencuentro con Daddy

Las enanas, felices en su reencuentro con Daddy

Perdón, perdón, perdón por el largo silencio. Las razones fueron muchas, la principal el haber estado en Argentina sacándome un muerto de encima y disfrutando muchísimo de la familia y los amigos.

Pasaron muchas cosas, sumé muchas anécdotas y tuve un encuentro más íntimo con mis propias emociones, como me pasa siempre que voy. En un poco como volver a mí misma, acordarme de quién soy.

También tuve la oportunidad de darme el gusto de ir librerías y comprar a troche y moche, con la excusa de las clases y la “bilingualidad” (¿es una palabra?) de mis hijas. Al estar allá descubrí nuevas canciones y series para chicos, así que agárrense que se viene la chorrada de posts con recomendaciones.

Liila y Bianca volvieron, como siempre pasa con los chicos, enormes. Liila es una señorita que ahora logra armar frases en castellano sin tener que recurrir al inglés, y que después de horrorizarse de frases como “se le caen los ojos del sueño” o “se me rompió el corazón”, ha descubierto lo que es una metáfora. Bianca está en la etapa loro parlanchín y dan ganas de comérsela. El hecho de que haya empezado a hablar en Argentina significa que la mayoría de sus palabras son en castellano, con acento argentino, con tonada cordobesa. ¿Qué más puedo pedir? Por ahora habla en segunda persona, lo cual la hace aún más adorable, incluso cuando desde la cuna, a la hora de la siesta, me grita: “¡Nooooo, mamiiiiii! ¡No queréeeeesss! ¡No queréeeeesss nomíiiiiiiiiiid!”.
En fin, gente, hola de vuelta, espero poder hacerme más ratos para escribir seguido, y no veo las horas de reanudar esta conversación cibernética.

La primera Frase de Bianca

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Bianca Belle

Liila, como su mamá, habla mucho. Habla sin saber si la escuchan, habla hasta cuando no sabe más de que hablar. Sobre todo, quiere llamar mi atención. Mi vida es un constante bombardeo:

-¡Mirá, mami, mirá lo que hago!
-¡Mami, mirá lo que hace Gordon! (nuestro gato)
-¡Un avión, mami, un avión!
-¡Mirá como leo este libro!
-¡Mirá como bailo “silly”!
-¡Mami, mirá como hago que la bebé se ría!
-¡Mami, Bianca dijo “tetatatu”!

Podría seguir, pero soy penosamente consciente de la falta de real interés que despiertan esas frases. Mi respuesta única y rápida, la cual trato de variar con entonaciones y caras es: “¡Qué loca!”

Por otro lado, Bianca recién se larga con esto de hablar. Ya dice varias palabras, entre otras: “no” (su respuesta favorita a cualquier pregunta), “pato” (zapato), “caca”, “pupo”, “pis”, “agüita”, “chiquita”, “co-con” (pop corn) y el muy útil “MIIIINE”. A eso se le suma una palabra que vaya a saber de dónde salió, “magadá”, que repite todo el día y que significa “dame” y es también como llama a su mantita favorita. Me mató de amor el día que le pregunté dónde estaba su zapato y me contestó: “¡Acatá!”, pero no lo consideré una frase, más bien una palabra hecha de palabras apegotonadas. Muchas veces me preguntaba cuál sería su primera frase, qué palabras combinaría por primera vez.

Un día, estábamos en el parque con Bianca, Liila y su amiguita Kirsty. Kirsty y Liila fueron cortadas con la misma tijera, por eso se aman y se pelean apasionadamente. Bianca y yo comíamos algo sentadas en un banco mientras las otras dos corrían de acá para allá, se subían a todo, se perseguían. De pronto, comenzó el concierto: “Look, mami, look what I can do!”; “Look, Gaby, I can do it also!”; “Look at me, mami, look at me!”; “Look, Gaby, look!”. En eso Bianca se da vuelta, me mira, y con cara de aburrimiento me dice, clarito como el agua: “¡Qué loca!”. Morí de orgullo. No sólo su primera frase fue en castellano, sino que la combinó con su primera incursión al sarcasmo.

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Kirsty y Liila, haciendo sus acrobacias

Lipstick

En un supermercado, la semana pasada…

Liila: Mami, comprame este lipstick.

Yo: A ver… (veo el precio, 3 dólares) bueno, pero es lo único que te compro hoy.

Liila: Bueno. ¡Abrilo, mami, abrilo!

Yo: No, hija, hay que esperar, hay que ir a pagarlo primero.

Liila: ¡Apagalo, mami, apagalo!

La enojada

Era sábado. Después de una semana larguísima, con Bianca con fiebre y mil cosas que hacer antes de navidad, yo no veía las horas de que fuera sábado. Pero tal son las cosas que Dave me mareó con “tener que ir a llenar la garrafa del asador y poner nafta al auto” y ahí estaba yo otra vez: sola, en casa, atendiendo a las nenas. En sábado.

No me malinterpreten: amo a mis hijas. Pero estoy con ellas absolutamente todos los días a todas horas, y justamente porque las amo necesito recreítos de ellas, para cargarme las pilas y volver a tenerles paciencia…

Para sumar al clima de mi mala onda, Liila había tenido un cumpleaños el día anterior, lo que significa torta + caramelos + papas fritas + galletas + gaseosa= pasada de vueltas, increíblemente sensible, demandante…

Liila: -Mami, quiero hacer pis.

Yo (con la escoba en la mano, barriendo los restos de almuerzo de Bianca): -Bueno, dame un segundo.

Liila: -¡Es que me hago!

Yo (largando la escoba): -Bueno, vamos.

Liila: -¡No mami, por ahí no!

(Resulta que en mi casa se puede ir al baño por el lavadero o pasando por la cocina y el pasillo, yo estaba cerca del lavadero y Liila también, pero a ella se le puso que había que ir por el otro lado)

Yo: -Hija, es exactamente lo mismo.

Liila (con los ojos vidriosos de lágrimas): ¡No mami, no es lo mismo, por allá, quiero ir por allá!

Yo: -Bueno, andá vos por allá y yo voy por acá.

Liila: -¡No, las dos, conmigo mami!

En eso viene Bianca, con una bota de goma de Liila en un pie y la esencia de vainilla en la mano. Al ver que yo estoy “ocupada” decide ir al patio.

Yo: -Amor, es exactamente lo mismo, estamos a dos pasos…

Liila (llorando, como si esta situación fuera lo peor del mundo): -¡No es lo mismo, por el lado largo, mami, por el lado largo!

Por el rabillo del ojo veo que Bianca está al lado de la piletita con agua, metiendo apenas los deditos.

Yo (respirando MUY hondo): -Está bien, hija, vamos, pero rápido. ¡Bianca, vení con nosotras, que no quiero que te mojes!

Bianca, por supuesto, hace como que no me escuchó. Llegamos al baño, y me preparo para sentar a Liila en el inodoro.

Liila (ahora llorando desconsoladamente): -¡No, mami, en el inodoro no! ¡En la pelela!

La pelela, señoras y señores, estaba en el lavadero, en donde estábamos nosotras dos minutos antes, discutiendo qué camino tomar hacia el baño. Contando hasta diez, voy al lavadero a buscar la pelela. Por la ventana veo que Bianca agarró una de las regaderitas de plástico, que estaba en la piletita, y con cara de experimento, vaciaba su contenido en su vestido.

En ese preciso momento, Liila, llorando: -¡Mami, dale, la pelela!

Yo (gritando y perdiendo la poca compostura que me quedaba): -¡Acá tenés la pelela! ¡Hacé pis y dejame en paz!

La dejé meando y me fui a buscar a Bianca que para este entonces estaba empapada. La cambié y la dejé jugando con cosas secas en su pieza. Cuando volví al baño, Liila estaba todavía sentada en la pelela. Un poco mas calma, le pregunto si terminó y me dice que si. La limpié. Me voy a lavar las manos y en eso me doy cuenta de que Liila me mira, paradita al lado de la pelela.

Yo: -¿Qué pasa, hija?

Liila: -Mami, ¿se te fué la enojada?

Y así como vino, la enojada se fue. Y volví yo a darle un abrazo a mi hija. Y mientras la abrazaba pensaba que no, esta vez no valía la pena corregirla.

¿Por qué ahoramente?

La inventora de lenguas, a los dos y medio

Un día como otros. Todos en el auto: la bebé, entonces de solo 3 meses, mi papá y su mujer que estaban de visita, Liila de dos y medio y yo, al volante. Volvíamos de alguna aventura. Bianca dormía, papá, Koki y yo hablábamos de algo que no recuerdo, pero que seguramente no era muy interesante para Liila. Cansada, todavía sin reponerse de los celos hacia su nueva hermana y con resabios de resentimiento de la atención que sus abuelos le quitaban, demandaba algo (comida, un juguete, agua, un libro) y yo le pedía que espere, que cuando lleguemos a casa. Incrédula de cuán poco se estaba saliendo con la suya, gritó: “No, mami, después no, lo quiero AHORAMENTE, A-HO-RA MEN-TE!!!”

Así fue como descubrí lo que me esperaba en los próximos años: una avergonzante profecía de casa de herrero, la profesora de español con la hija que se lo inventa.

Desde entonces, hemos tenido varias adiciones al anecdotario, como “Quiero lo!” o “Qué sirve esto para?” y, mas recientemente, combinaciones que son el resultado de la mas pura vagancia, al estilo “Me caí del fence y me lastimé la knee”. Bianca recién está empezando a decir sus primeras palabras, pero seguramente contribuirá con lo suyo. Guiada por la frustración e inspirada por el valor terapéutico que siempre ha tenido en mí la escritura, decidí empezar este blog, como manera de documentar mi aprendizaje y de compartir consejos e ideas con otras mamás en el mismo barco que yo.

Espero que lo que aquí se publique nos ayude a hablar de temas que nos tocan de cerca, como el traspaso de nuestra cultura a los mas chiquitos cuando estamos rodeadas de una ajena, y cómo nos afecta ésto internamente. Aunque mas no sea, espero que nos sintamos acompañadas.

Bienvenidas, entonces, madres latinas en Extrangia del mundo!! Las invito a que sus voces sean oídas en este espacio, y ojalá “Ahoramente” les sea de ayuda.