Alumnos, no se desanimen…

Una amiga publicó esto en mi Facebook… hacía rato que no me reía tanto! Pero alumnos, no desesperen… una canción muy similar podría hacerse con las diferentes versiones de inglés que se hablan en los diferentes países! Comunicarse, a pesar de todo, es posible!!

Que difícil es hablar el español (canción)

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Canticuénticos

canticuenticosMe enamoré. Perdidamente. Este grupo santafesino hace las canciones más bellas para chicos, ¡con ritmos latinoamericanos! Así que nos instruyen a grandes y a chicos sobre nuestra cultura musical, y dan unas ganas de bailar… voces impecables, letras divertidas, realmente no tienen desperdicio. La favorita total en nuestra casa es “Cumbia del monstruo” (¡gracias, Mary!), como dicen en mi Córdoba natal, ¡un hitazo! En su página web encontrarán muchas canciones más, una más hermosa que la otra. Entre mis preferidas, “Candombo a Marunga” y “Ringdinho”.

Cha Cha Sam

Sí, es cierto que a mí y a mis hijas nos encanta estar ocupadas y tener mil eventos a los que acudir… pero también es lindo cuando no tenemos planes y la vida nos da sorpresas, como nos pasó el otro día.
Resulta que fuimos a Altona a buscar zapatos para Liila (debería haber sabido que no encontraríamos ninguno adecuado) y decidimos ir al parque a los juegos un rato. Y como sucede muchas veces en los parques de este país, resulta que la biblioteca había organizado un “story time” en el parque. Para quienes no son oriundos de estos pagos, los “story times” son básicamente unos 45 minutos de canciones y cuentos para los más chicos. Este “story time”celebraba lo que llaman “rainbow families”, familias de formatos variados, diferentes al estereotipo de mamá, papá, hijos. La chica que estuvo a cargo del entretenimiento resultó ser Cha Cha Sam.

Sé que ella canta en inglés, pero sus canciones son tan lindas que hago una excepción.

Cualquier persona que predique inclusión y luche contra la discriminación tendrá mi apoyo, pero si lo hacen trabajando con chicos, educando desde temprano, se ganan mi corazón. Cha Cha Sam no sólo tiene canciones preciosas que hablan de lo lindo que es conocer lugares nuevos y culturas aborígenes, invitan a imaginar, hablan de lo importante de celebrar las diferencias entre las personas y nuestros orígenes, de como la vida es una fiesta y están TODOS invitados y muchas cosas más, sino que también intenta cantar en auslan cada vez que puede.

Una artista muy completa, seguro que se enamoran como yo.

El pollito maldito

Me van a odiar, lo sé. De la misma manera en la que maldigo la hora en la que mi papá me dijo “Acá te mando un videito para las nenas, fijate si les gusta”.

El Pollito Pío es de esas canciones que te parecen graciosas la primera vez que las escuchás, pero ya a la segunda te hartaron. Y lo que es peor, es de esas canciones que a los chicos le gusta escuchar una y otra y otra y otra vez… simplemente les encanta.

Rescato el hecho que mis hijas están obsesionadas con una canción en castellano que les enseña los animales de la granja y los sonidos que hacen (es gracioso como en diferentes idiomas los mismos animales hacen ruidos diferentes) y que me piden el Pollito Pío y no Gangnam Style, y por eso se los paso y me la banco que me odien, ¡pero la verdad es que ya me tiene harta!

Y vale una advertencia: si sus hijos son muy sensibles, apenas vean aparecer el tractor, díganles que se acabó la canción… No sé qué reflejará del carácter de mis hijas, pero a las mías les causa mucha gracia el final, ¡y les encanta repetir el “oh-oh”!

Hablando de Pocoyo…

Hoy hicimos una disco en casa, por ésto de que al estar en extrangia nuestros hijos no nos ven bailar y por lo tanto no aprenden, así que hablando con una amiga decidimos organizarlo en casa: cada uno trae un plato para compartir y muchas ganas de bailar. Y miren lo que me pasó mi amiga Teresa! Pocoyo bailando Gangnam Style! Morí de amor y de risa. Y a Liila le EN-CAN-TO.

¿Que tendrá ese sapito?

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En todas mis clases de español para chicos, nunca deja de sorprenderme el éxito del Sapo Pepe. Incluso cuando la pongo por primera vez a chicos que no son de habla hispana, todos se ponen a bailar como si la conocieran de toda la vida. El ritmo es contagioso, la melodía es alegre y las acciones les encantan.

En Argentina, que es donde se originó la canción, éste sapo es famoso: no solo todos los chicos lo conocen sino que se encuentran todo tipo de productos con el sapito, desde cuadernos hasta ojotas (playeras para los españoles). Incluso le inventaron una novia, que se llama –agárrense que es creativo- la Sapa Pepa. Pero su fama no acaba ahí, tiene una página en la red con juegos, cuentos y canciones y hasta una obra de teatro que viaja por todo el país. De hecho es una mina de oro tan grande que la autora demandó a la cantante que la hizo famosa y el show ahora es del sapo solo, con dos amigas cantantes que son – si, lo adivinaron – Las Pepas.

Pero para mí la magia no está en todo el mercadeo que se armó alrededor de una simple canción. Lo más lindo es escuchar a los chicos gritar “salta, salta” y ver cómo la disfrutan. Es el tipo de canción que genera pedidos de “mami, dale, cantámela otra vez”. Y viviendo en un mundo bombardeado de canciones en inglés o versiones hispanas de canciones horribles como “osito gominola”, bienvenida sea la simpleza del Sapo Pepe.

Gracias, María Elena

maria_elena_walshUno de los recuerdos mas claros de mi infancia son los viajes a Rosario. Mi papá se enamoró de una Rosarina y como consecuencia, dos veces al año hacíamos los 400 kilómetros que nos separaban de quienes son, hasta el día de hoy, nuestra familia más cercana. Estar en Rosario era para mí la mejor de las vacaciones: Mi abuela me mimaba hasta hartarse, mi prima y yo jugábamos todo lo que no habíamos jugado en meses de separación y todos, en general, disfrutábamos mucho de estar otra vez juntos. Lo que no me entusiasmaba tanto era el viaje, que en aquél entonces era de 6 a 8 horas, dependiendo de cuánto nos demorábamos en la casa del tío Angelito en Villa María. Teniendo en cuenta que el patio del tío tenía una selva de árboles frutales llena de patos, gallinas, perros y gatos, para mí era difícil volver al auto. La única cosa que me hacía soportar las horas de eterno campo con vacas era la voz que salía del pasa cassette del auto, y que me llevaba a pasear por el patio de Don Enrique del Meñique, o a una clase con una vaca en Humahuaca…

Los Argentinos saben perfectamente de quién hablo. Hasta el día de hoy, después de su muerte, sus canciones siguen siendo preferidas de muchos niños, a pesar de que los sapos pepes y las pan am de hoy en día intentan llegarle a los tobillos sin éxito. María Elena Walsh es más que una cantante y autora argentina: es nuestra infancia colectiva.

Por años, cada vez que volvía a Córdoba buscaba CDs de ella, pero solo encontraba tributos, y la verdad es que ninguno le hacía justicia.

Dando una clase en casa de una amiga australiana, me cuenta que le habían regalado este CD, que ella valoraba ya que quiere que sus hijos hablen en español, pero que en realidad ella no entendía mucho, y que si yo lo quería ella me lo regalaba … ¡Nada más y nada menos que “Canciones para mirar” de María Elena! No veía las horas de subir al auto para escuchar esa voz otra vez. No me esperaba la emoción que me invadió ni la rapidez con la que me llevó al auto de mi viejo, sentada en la falda de mamá en el asiento del acompañante, fingiendo dolor de panza para que en vez de escuchar el fútbol, mi papá me cantase por enésima vez la canción del Jacarandá.

Pero ese recuerdo no es el mejor regalo que me dejó esta genia argentina, no señor.

El día en el que, dejando los platos en la bacha, decidí seguir la vocesita de Liila que me llevó hasta su pieza y la escuché cantar Manuelita, morí de felicidad. Ese regalo, que ni siquiera María Elena misma podría haber anticipado, fue para mí el más hermoso: el sentir que mi hija y yo compartíamos un mundo imaginario con personajes que bailan gato y chacarera, que hablan con eñe y toman mate, aunque ella esté rodeada de canguros y que juegue a “duck duck goose” con sus amigos. Y es algo que nunca dejaré de agradecerle desde el fondo de mi corazón.

Te invito a que, como yo, cantes sus canciones a tus hijos y leas sus poesías y cuentos, si es que todavía no lo hiciste. El libro favorito de Liila es “Zoo loco”, y tiene versitos lo suficientemente cortos para que se los aprendan de memoria. Si no la conoces, preparate para enamorarte de su mundo.