Pocoyo

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Si no lo conocen todavía, los invito a ver a Pocoyo. La ternura que transmite a través de sus personajes los va a conquistar. Pocoyo mismo es un dulce de leche, y comparte sus días con sus amigos del alma: Pato, a quien le encanta regar las plantas y que se las sabe todas y Ely, la elefanta rosa que sueña  con ser bailarina de ballet.

Ustedes dirán que es un dibujito más, pero lo cierto es que la introducción de situaciones y elementos en estas historias cortas (cada capítulo dura 5 minutos) están cuidadosamente orquestadas, y como herramienta de enseñanza de lenguaje son maravillosos.

Lo mejor de todo es que se encuentran en YouTube no solo en español, sino en español latino. Así es que Liila y yo tenemos un pacto: si, puede ver un poquito de Pocoyo (como dice ella), pero solo en castellano. Y las dos nos quedamos felices!

¿Que tendrá ese sapito?

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En todas mis clases de español para chicos, nunca deja de sorprenderme el éxito del Sapo Pepe. Incluso cuando la pongo por primera vez a chicos que no son de habla hispana, todos se ponen a bailar como si la conocieran de toda la vida. El ritmo es contagioso, la melodía es alegre y las acciones les encantan.

En Argentina, que es donde se originó la canción, éste sapo es famoso: no solo todos los chicos lo conocen sino que se encuentran todo tipo de productos con el sapito, desde cuadernos hasta ojotas (playeras para los españoles). Incluso le inventaron una novia, que se llama –agárrense que es creativo- la Sapa Pepa. Pero su fama no acaba ahí, tiene una página en la red con juegos, cuentos y canciones y hasta una obra de teatro que viaja por todo el país. De hecho es una mina de oro tan grande que la autora demandó a la cantante que la hizo famosa y el show ahora es del sapo solo, con dos amigas cantantes que son – si, lo adivinaron – Las Pepas.

Pero para mí la magia no está en todo el mercadeo que se armó alrededor de una simple canción. Lo más lindo es escuchar a los chicos gritar “salta, salta” y ver cómo la disfrutan. Es el tipo de canción que genera pedidos de “mami, dale, cantámela otra vez”. Y viviendo en un mundo bombardeado de canciones en inglés o versiones hispanas de canciones horribles como “osito gominola”, bienvenida sea la simpleza del Sapo Pepe.

Rayuela (formas y colores)

Materiales: superficie de cemento, tizas de colores
Edad: 2-6 años
Foto: Helena Martins

foto por Helena Martins

Dibujar en la superficie de cemento diferentes formas con colores diferentes (ej. Un círculo azul, un cuadrado rojo, un triangulo amarillo). Tienen que estar relativamente cerca para que los chicos puedan saltar de uno a otro. Alguien dice un color o una forma y los chicos tienen que saltar hacia ese color o forma y así sucesivamente.

Variaciones:

  1. Dibujar varias formas iguales en diferentes colores y hacer grupos de formas (ej. 5 círculos, uno rojo, uno azul, uno amarillo, uno verde y uno blanco, 5 cuadrados de los mismos colores, 5 rectángulos, etc.).  Alguien dice una forma y todos van al área de esa forma, luego se dice un color y se salta en esas formar hasta que se llame una forma diferente.
  2. Números: En vez de formas, se hacen cuadrados y se escribe un número en cada uno. Como con los otros, se dice un número y los chicos tienen que saltar a ese número.

A guardar

Edades: 1 a 3 años
Materiales: Un balde, bolsa o canasta grande, objetos de colores

may2012%20085Simplemente pon en un balde, canasta o bolsa objetos de colores como bloques, pelotas como las de la foto (esa es Bianca, mi enana más chica), broches de ropa o lo que tengas a mano. Es preferible algo que no sea duro o pesado, ya que parte de la diversión es poder vaciarlo sobre la cabeza de los chicos. Si no encuentras nada liviano o suave no te preocupes, el simple acto de tirar todo por el piso también los entretiene. Pídeles que se sienten en el piso todos juntos (con dos niños es suficiente) y vacía los objetos sobre sus cabezas o a sus pies si es algo que los pueda golpear. Una vez que han caido por todos lados, empieza a cantar un color por ejemplo: “rojo, rojo” con la melodía que más te guste y ellos tienen que buscar todos los objetos de ese color y volver a ponerlos en el balde. Una vez que ya estén todos los de ese color, comienza otra vez cantando otro color, y así sucesivamente hasta que el balde esté lleno otra vez. ¡Verás que te pedirán hacerlo otra vez!

Variaciones: en vez de colores poner 3 tipos de objetos diferentes (broches, pelotas y bloques) y guardar por tipo. Poner bloques de diferentes formas y guardar por forma … ¡Las opciones son inagotables!

10 Pequeños Pingüinos

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Autor: Jean-Luc Fromental – Joëlle Jolivet
Editorial: La Osa Menor
ISBN: 9788492766222

Este libro, 10 Pequeños Pingüinos, es un favorito en casa, y es espectacular para enseñar a contar. Las imágenes son coloridas y los movimientos, que los chicos pueden hacer solos al tirar de solapas, son sorprendentes y no cesan de interesarlos. Pueden ver un video del interior del libro aquí.

El texto es demasiado español para mi gusto, pero la rima hace que les sea fácil recordarlo. Cuando lo llevo a mis clases los chicos se vuelven locos. Un muy buen libro para regalar también, en nuestro caso fue un regalo del tío Fede y la tía Jo, gracias miles!!!

Gracias, María Elena

maria_elena_walshUno de los recuerdos mas claros de mi infancia son los viajes a Rosario. Mi papá se enamoró de una Rosarina y como consecuencia, dos veces al año hacíamos los 400 kilómetros que nos separaban de quienes son, hasta el día de hoy, nuestra familia más cercana. Estar en Rosario era para mí la mejor de las vacaciones: Mi abuela me mimaba hasta hartarse, mi prima y yo jugábamos todo lo que no habíamos jugado en meses de separación y todos, en general, disfrutábamos mucho de estar otra vez juntos. Lo que no me entusiasmaba tanto era el viaje, que en aquél entonces era de 6 a 8 horas, dependiendo de cuánto nos demorábamos en la casa del tío Angelito en Villa María. Teniendo en cuenta que el patio del tío tenía una selva de árboles frutales llena de patos, gallinas, perros y gatos, para mí era difícil volver al auto. La única cosa que me hacía soportar las horas de eterno campo con vacas era la voz que salía del pasa cassette del auto, y que me llevaba a pasear por el patio de Don Enrique del Meñique, o a una clase con una vaca en Humahuaca…

Los Argentinos saben perfectamente de quién hablo. Hasta el día de hoy, después de su muerte, sus canciones siguen siendo preferidas de muchos niños, a pesar de que los sapos pepes y las pan am de hoy en día intentan llegarle a los tobillos sin éxito. María Elena Walsh es más que una cantante y autora argentina: es nuestra infancia colectiva.

Por años, cada vez que volvía a Córdoba buscaba CDs de ella, pero solo encontraba tributos, y la verdad es que ninguno le hacía justicia.

Dando una clase en casa de una amiga australiana, me cuenta que le habían regalado este CD, que ella valoraba ya que quiere que sus hijos hablen en español, pero que en realidad ella no entendía mucho, y que si yo lo quería ella me lo regalaba … ¡Nada más y nada menos que “Canciones para mirar” de María Elena! No veía las horas de subir al auto para escuchar esa voz otra vez. No me esperaba la emoción que me invadió ni la rapidez con la que me llevó al auto de mi viejo, sentada en la falda de mamá en el asiento del acompañante, fingiendo dolor de panza para que en vez de escuchar el fútbol, mi papá me cantase por enésima vez la canción del Jacarandá.

Pero ese recuerdo no es el mejor regalo que me dejó esta genia argentina, no señor.

El día en el que, dejando los platos en la bacha, decidí seguir la vocesita de Liila que me llevó hasta su pieza y la escuché cantar Manuelita, morí de felicidad. Ese regalo, que ni siquiera María Elena misma podría haber anticipado, fue para mí el más hermoso: el sentir que mi hija y yo compartíamos un mundo imaginario con personajes que bailan gato y chacarera, que hablan con eñe y toman mate, aunque ella esté rodeada de canguros y que juegue a “duck duck goose” con sus amigos. Y es algo que nunca dejaré de agradecerle desde el fondo de mi corazón.

Te invito a que, como yo, cantes sus canciones a tus hijos y leas sus poesías y cuentos, si es que todavía no lo hiciste. El libro favorito de Liila es “Zoo loco”, y tiene versitos lo suficientemente cortos para que se los aprendan de memoria. Si no la conoces, preparate para enamorarte de su mundo.