Alumnos, no se desanimen…

Una amiga publicó esto en mi Facebook… hacía rato que no me reía tanto! Pero alumnos, no desesperen… una canción muy similar podría hacerse con las diferentes versiones de inglés que se hablan en los diferentes países! Comunicarse, a pesar de todo, es posible!!

Que difícil es hablar el español (canción)

Disciplina

Bianca

Bianca Bella, mi duende feliz

 

Yo siempre he sostenido que los hijos vienen a nuestra vida a enseñarnos. Uno juega a que les enseña a ellos, y somos nosotros los enriquecidos.

Desde hace un par de meses, Bianca está en la etapa “loro”, repitiendo todo lo que escucha. Es una delicia verla usar palabras con sentido por primera vez, como cuando mece vigorosamente la sillita en la que se encuentra Manon (de 3 meses) al canto de “¡Darling, darling!”, o cuando se rehusa a ponerse un vestido que yo muero por que use gritando “¡No, no uta mami!”.

Pero lo que sucedió el otro día me demostró que no sólo lingüísticamente la está teniendo muy clara.

Liila, como buena primogénita, nos agarró sin manual y sin experiencia. Con ella, hemos ido decidiendo y haciendo en la marcha, a medida que era necesario, y con la infalibilidad de lo que dice Marina, la mamá de una amiga: “Vení, nena, que te hago un trauma”. Así la desteté, así intentamos disciplinarla. La disciplina fue (y es) un gran desafío, sobre todo por encontrar un método que funcione y con el que uno esté filosóficamente de acuerdo. Después de investigaciones y pruebas, decidimos que el pedirle que deje de hacer algo con una consecuencia tenía sentido, siempre y cuando la consecuencia fuese real y plausible, ejemplo: “Si no venís a ponerte el pijama ahora, no vamos a tener tiempo de leer un cuentito”. A eso lo combinamos con una cuenta de tres: “Voy a contar hasta tres. Si cuando llego a tres no tenes el pijama puesto, no hay cuentito”. Al principio nos costó, pero luego de varias consecuencias, Liila aprendió que hablábamos en serio. Hoy, el 99% del tiempo, solo tengo que decir “a la una…” y ella deja lo que está haciendo.

Bianca, por otro lado, es y siempre ha sido una nena fácil, tranquila. Me refiero a que con ella, uno le pide que deje de hacer algo y deja de hacerlo, no hace falta aplicar ningún método estructurado. Es una nena feliz, como dice mi hermano Fede, esa es su condición permanente. Si, a veces se frustra y le tira el pelo a la hermana cuando no le quiere dar un juguete, pero en general se la pasa cantando, sonriendo y bailando apenas escucha medio ritmo.

La semana pasada nos quedamos solitas las tres porque Dave tuvo que irse a trabajar a Sydney. En general fue mucho más fácil de lo que me imaginaba, salvo por tener que lidiar con la tristeza de Liila, que extrañaba mucho a su papá. Al extrañarlo tanto su comportamiento empeoró un poco.

Una de esas mañanas, Liila estaba recién levantada y chinchuda al ver que su papá todavía no había vuelto. Cada cosa que Bianca agarraba, Liila se la sacaba. Entretanto, yo levantaba ropa del piso, tendía camas, lavaba platos. Otra nena de menos de dos años quizás hubiese llorado, gritando “mami, mami” … Pero no Bianca. Con una calma chicha, escucho que le dice: “No, Liila, basta. A la una…”

 

Independencia

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Liila con Morgan, una de sus amigas con las que hacemos intercambio

Desde que decidimos no mandar a Liila al jardín de infantes: esa semana el martes se quedó a almorzar y a jugar toda la tarde en la casa de una amiga, el miércoles se fue a la casa de otra desde las 10 de la mañana hasta las 3 de la tarde, y el viernes se quedó a comer y jugar en la casa de otra amiga y durmió tres noches seguidas toda la noche en su cama (generalmente se cruza a la nuestra a eso de las 5, mientras la llevábamos al jardín se pasaba a la 1). En ningún momento lloró o pidió estar con su mamá. Muy por el contrario, cuando la dejaba salía corriendo y ni siquiera se daba vuelta para ver si ya me había ido.

En vez del jardín, dos mamás amigas y yo empezamos un esquema de visitas, en el que un dia tengo yo a sus hijas y otro ellas tienen a Liila. Para las mamás que no cuentan con el apoyo de la familia por diferentes motivos, como nosotras, esta amistad y estos pequeños acuerdos son vitales. Nuestros hijos aprenden a ser independientes en un ambiente familiar, con gente que genuinamente los quiere.

La vida me ha demostrado que hice bien en esperar para “institucionalizar” a Liila, y enseñarle a su vez la importancia de la amistad, la familia que uno elige 😉

Mientras seamos felices…

Primer día de jardín de Liila. La cara lo dice todo.

Primer día de jardín de Liila. La cara lo dice todo.

Llegó el momento de que Liila empiece el jardín. Busqué en el que dos de su mejores amigos podían compartir sala con ella. Debo aclarar que Liila y yo tuvimos la suerte de no necesitar que ella fuese a la guardería, lo cual significa que ella, a los casi 4 años, iba al jardín por primera vez.

Cuando fuimos a la “orientación” ya me decepcioné un poco. Esperaba que las personas que iban a estar a cargo de Liila se presentasen con ella y le demostraran un poco de cariño.

Será que tengo por hermana a la mejor maestra jardinera del mundo. O será que tengo la expectativa muy poco realista de que en esta cultura sajona la kindy teacher se enamore de mi hija y la reciba con un abrazo y un beso. Quizás es que recuerdo claramente tener su edad y negarme a ir a toda guardería a la que se me mandaba – en esta no me gustaba la seño, en aquella los chicos me querían pegar, en la de más allá me aburría – sólo porque quería estar con mi mamá, como si supiera que teníamos contados los días para compartir juntas. La cosa es que ésta experiencia no es difícil solamente para Liila.

Me armé de coraje y sobreviví a la primera separación, a pesar del llanto desgarrador y de la carita de desolación total de mi hija. Tuve que ir a buscarla a la hora, porque la teacher no tuvo la mejor idea que decirle que yo me había ido a Playgroup, que queda al lado. Ella esperó a que saliéramos a jugar al patio pegada a la verja, y apenas me vió salir empezó a gritar “maaaaamiiii” con un hilito de voz que ya lloro y que no entiendo por qué te vas a playgroup con Bianca y me dejás acá sola …

El miércoles fue peor. Me llamó la profesora para decirme que había llorado menos que el lunes, y que me quedase tranquila que ya no estaba llorando más. Aproveché para hacer las mil cosas que el tener a una sola me permite hacer, y fui a buscarla. La sala estaba llena de chicos que comían su almuerzo, charlaban, se reían. Liila estaba sola, en una esquina. Tenía un libro en la mano pero no leía. Sus ojos parecían diques a punto de estallar y me esperaba con la mochila puesta. Quienes conocen a mi hija saben que la imagen de esa nena no es Liila.

Al charlar con la ayudante de la clase me entero que así pasó todo el dia, que no quiso jugar con nadie ni hacer nada. Que a pesar de eso, ella y la teacher se tomaron el break del almuerzo a la vez y Liila quedó sola con adultos que era la primera vez que veía. Que la llevaron a la sala de profesores, llorando, para que ella viera que estaban ahí, que no se habían ido. Que así y todo se quedaron juntas en su break y a pesar de que Liila estaba llorando y que les había dicho que se quería ir a su casa, a mí nadie me llamó.

Después pasaron un par cosas que me harían reflexionar.

El viernes, después de la visita de mi amiga Miriam con su hijo Dan, Liila me pide si se puede ir a la casa de ellos. Con un entusiasmo característico, preparó todo y en dos segundos estaba lista. Ya iba por la esquina cuando le dije “¿me das un beso de chau?”. Su mirada cambió de inmediato. Vino corriendo, se me prendió al cuello y no hubo forma de bajarla.

Cuando hoy Dave le preguntó si quería que él la llevase al jardín mañana, esa mirada volvió, y otra vez el llanto, y otra vez pegada a mi sin consuelo, pidiendo que no, que por favor no quiere ir, que cuando sea más grande. No pude con ella. Decidimos que intentaremos otra vez en un par de meses, quizás en otro jardín.

Siempre supe que la separación iba a ser difícil y traumática. Tampoco me extrañó la frialdad de las teachers de acá, que ni abrazan ni acarician para no demostrar favoritismo. Y no me malinterpreten: amo a Australia, a los australianos, a la vida que llevo acá y a los amigos hermosos que me ha regalado a mí y a mis hijas.

Es el sentirlo como un fracaso lo que me jode. El pensar que dirán, el miedo a ser juzgada como madre. Cuando en realidad está bien, cada chico tiene sus tiempos, y cada madre también. Y cuando encima tenemos que lidiar con diferencias culturales y distancias de nuestras familias que no solo nos contienen emocionalmente a nosotras sino también a nuestros hijos, tenemos que resignarnos a que los parámetros no son los mismos.
Mientras seamos felices…

iPotty

Pensar que yo me traumo con la cantidad de horas que dejo que Liila vea la tele… ¡y hay padres que verán esto como una bendición e irán corriendo a comprarlo! Sinceramente creo que, bilingües o no, esta nueva generación va a tener serios problemas para entretenerse sin tener la cara enterrada en una pantalla. Check it out: iPotty

La enojada

Era sábado. Después de una semana larguísima, con Bianca con fiebre y mil cosas que hacer antes de navidad, yo no veía las horas de que fuera sábado. Pero tal son las cosas que Dave me mareó con “tener que ir a llenar la garrafa del asador y poner nafta al auto” y ahí estaba yo otra vez: sola, en casa, atendiendo a las nenas. En sábado.

No me malinterpreten: amo a mis hijas. Pero estoy con ellas absolutamente todos los días a todas horas, y justamente porque las amo necesito recreítos de ellas, para cargarme las pilas y volver a tenerles paciencia…

Para sumar al clima de mi mala onda, Liila había tenido un cumpleaños el día anterior, lo que significa torta + caramelos + papas fritas + galletas + gaseosa= pasada de vueltas, increíblemente sensible, demandante…

Liila: -Mami, quiero hacer pis.

Yo (con la escoba en la mano, barriendo los restos de almuerzo de Bianca): -Bueno, dame un segundo.

Liila: -¡Es que me hago!

Yo (largando la escoba): -Bueno, vamos.

Liila: -¡No mami, por ahí no!

(Resulta que en mi casa se puede ir al baño por el lavadero o pasando por la cocina y el pasillo, yo estaba cerca del lavadero y Liila también, pero a ella se le puso que había que ir por el otro lado)

Yo: -Hija, es exactamente lo mismo.

Liila (con los ojos vidriosos de lágrimas): ¡No mami, no es lo mismo, por allá, quiero ir por allá!

Yo: -Bueno, andá vos por allá y yo voy por acá.

Liila: -¡No, las dos, conmigo mami!

En eso viene Bianca, con una bota de goma de Liila en un pie y la esencia de vainilla en la mano. Al ver que yo estoy “ocupada” decide ir al patio.

Yo: -Amor, es exactamente lo mismo, estamos a dos pasos…

Liila (llorando, como si esta situación fuera lo peor del mundo): -¡No es lo mismo, por el lado largo, mami, por el lado largo!

Por el rabillo del ojo veo que Bianca está al lado de la piletita con agua, metiendo apenas los deditos.

Yo (respirando MUY hondo): -Está bien, hija, vamos, pero rápido. ¡Bianca, vení con nosotras, que no quiero que te mojes!

Bianca, por supuesto, hace como que no me escuchó. Llegamos al baño, y me preparo para sentar a Liila en el inodoro.

Liila (ahora llorando desconsoladamente): -¡No, mami, en el inodoro no! ¡En la pelela!

La pelela, señoras y señores, estaba en el lavadero, en donde estábamos nosotras dos minutos antes, discutiendo qué camino tomar hacia el baño. Contando hasta diez, voy al lavadero a buscar la pelela. Por la ventana veo que Bianca agarró una de las regaderitas de plástico, que estaba en la piletita, y con cara de experimento, vaciaba su contenido en su vestido.

En ese preciso momento, Liila, llorando: -¡Mami, dale, la pelela!

Yo (gritando y perdiendo la poca compostura que me quedaba): -¡Acá tenés la pelela! ¡Hacé pis y dejame en paz!

La dejé meando y me fui a buscar a Bianca que para este entonces estaba empapada. La cambié y la dejé jugando con cosas secas en su pieza. Cuando volví al baño, Liila estaba todavía sentada en la pelela. Un poco mas calma, le pregunto si terminó y me dice que si. La limpié. Me voy a lavar las manos y en eso me doy cuenta de que Liila me mira, paradita al lado de la pelela.

Yo: -¿Qué pasa, hija?

Liila: -Mami, ¿se te fué la enojada?

Y así como vino, la enojada se fue. Y volví yo a darle un abrazo a mi hija. Y mientras la abrazaba pensaba que no, esta vez no valía la pena corregirla.