Matilda

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Si, ya llegó a nuestras vidas. Es una de las razones por las cuales hace tanto que no escribo: todavía estoy sumida en la niebla de los calmantes de la cesárea, la falta de sueño, los cambios de pañales y las tetas del alba, las hormonas que me llevan desde el séptimo cielo a querer cocinar a mi marido al spiedo. Pero por sobre todas las cosas, hay algo que me toma  mucho tiempo: mirar esa carita preciosa, chiquita y perfecta, que todavía no sabe sonreír a voluntad y que mira todo con una mezcla de curiosidad y paz, incluso a esas dos enanas que se la pasan alrededor de ella acariciándola, besándola, agarrándole la manito, repitiendo una y otra vez “¡Matilda, Matilda! ¡Cuánto de amo! ¡Qué hermosa que sos!”

Tengo muchas cosas de las que quiero escribirles. Denme un chancui y ténganme paciencia, que esa carita crece a una rapidez casi palpable, y esta si que es la última, y no quiero perderme un segundo.

Matilda envuelta en una mantita

bollo de amor

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Últimas noches antes de la bebé

Acostadas Bianca y yo en su cama (la cama de abajo de la cucheta), yo intentando de que se duerma, y sabiendo que es un mal hábito, pero al que le quedan pocos días…

Bianca: -Mami, en el Wizard of Oz hay árboles con pelo de manzana que hablan malo.

Yo: -Sí, pero no pienses en ellos. A dormir.

(Murmullos varios, movimientos. Al ratito)

B: -Mami, si me hago pis en la bombacha, el pis va al piso?

Y: -Si. Shh, a dormir.

(Más murmullos. Distingo Twinkle Twinkle entre ellos. Al rato)

B: -Mami, no nos vamos a morir.

Y: -No hija, quedate tranquila. A dormir.

(Medley murmurado de Twinkle Twinkle, Let it go y Jingle Bells. Al rato)

B: -Mami, ¿qué es ardilla eneneinglés?

Y: -Squirrel. A dormir.

(Más murmullos. Muchas repeticiones de “squirrel, ardilla”. Al rato)

B: -Mami, el auto no se va a romper.

Y: -No, no te preocupes. Es hora de dormir…

(Murmullos y más murmullos. Al rato)

B: -Mami, cuando yo crecí y soy solita, quiero ser una jirafa en el Wizard of Oz. ¿Por qué no hay jirafas en el Wizard of Oz?

Me vuelven absolutamente loca, pero voy a extrañar sus delirios de antes de dormir…

Bianca

Bianca Bella

El Ghetto

Así le llama la Leti a nuestro grupete de Argentinos… no somos la primer cultura que lo inventamos ni la única que lo necesita, pero hay que decirlo: es fundamental para sobrevivir la vida (sobre todo con hijos) en extrangia.

Cuando yo llegué a Melbourne, allá por el 2009, me sentí muy en casa desde un principio. Después de 5 años en Inglaterra, en donde SIEMPRE me sentí sapo de otro pozo, aterricé en el oeste del Wesgate, en donde mi multiculturalidad no sólo no era un problema, sino que además generaba simpatía y curiosidad. Mis primeras amigas fueron australianas, norteamericanas, canadienses… hermosas todas y me ayudaron a sobrevivir ese primer año de recién llegada con una beba de 6 meses. Después nos mudamos de barrio, conocí a más mujeres y familias hermosas, escocesas, galesas, irlandesas, australianas… y alguna que otra familia latina, pero que hace muchos años que viven acá y entre ellos y a sus hijos ya les hablan en inglés, penita pena.

Pero no fue sino hasta que María, la mamá de Leti, vino a iluminarme una clase de español de las que yo daba en Pampered Mummies que no terminé de sentirme en casa. Ella venía con su nieta, la bella Rocío, y se acercó a hablarme después de la clase. No cupe en mi de la alegría cuando me dijo que si hija no sólo era argentina, sino cordobesa, casada con un cordobés, y con amigos cordobeses… pero incluso entonces no sabía lo indispensable que se me iba a hacer este grupo, no sólo para mí, sino para las nenas.

El tener un grupo de gente al que hay muchas cosas que no hace falta explicarles. El que el beso y el abrazo sean parte del hola que tal. El que la desesperación por el mate calentito se sienta apenas nos sentamos a charlar. El que sea normal verse a diario, si se da el caso.  Que se pueda moquear si da hablar de algo que duele, y que no te miren raro. El que cualquier charla sea motivo para empezar a cantar y bailar canciones de Luis Miguel o Palito Ortega del año del jopo, o jingles de Tubby 3 y Tubby 4. Que no haga falta pedir favores porque te ofrecen lo que te hace falta antes de que puedas pedirlo. El que los adultos jueguen con los chicos (mejor dicho, las chicas, ¡todos tenemos nenas!) como hay que jugar, desde un punto de vista de chico, desde el piso y haciendo el pavo. Escucharlas jugar en castellano, y a veces hasta con tonada cordobesa. Que tengamos amor suficiente para enseñarles cosas y preocuparnos por hijos ajenos como si fueran propios. Que nuestras hijas no vean las horas de jugar juntas. Ver que mis hijas se “enamoran” de un papá argentino. Y que me digan, apenitas dejamos al grupo en el parque, “Mami, cuándo vamos a ver a los argentinos de nuevo?”

Desde que conocí a Leti y al resto de los del grupo siento por fin que tengo familia australiana. Y eso no tiene precio. Hasta me aceptan que tenga marido gringo. Hemos dejado que se infiltren al grupo algunos porteños (qué le vamos a hacer, son muchos y algunos hasta se dejan querer y ceban mates ricos). Me pregunto si María sabe el impacto que tuvo en mi vida. Les debo taaanto a todos… y lo recomiendo. Si vivís en extrangia y no tenes un ghetto todavía, hacete de uno. Si no lo hacés por vos, hacelo por el español de tus hijos: nada más estimulante para hablar un idioma que hacerse amigos que lo hablan.

Las mujeres del ghetto

Las mujeres del Ghetto (menos Mariana) mujereando por Daylesford hace unas semanas

Se viene la tercera

La familia Webster en un bote yendo a ver ballenas hace un par de semanas

La familia Webster en un bote yendo a ver ballenas hace un par de semanas

Y sí, ha pasado mucho tiempo sin publicar. En parte por trabajo, en parte por fiaca… la cosa es que ahora vuelvo a escribir, más vale tarde que nunca. Muchísimas cosas pasaron en este año y pico que no escribo… intentaré ser breve, pero no se si lo lograré.

Liila empezó el jardín de 4 (aunque ahora ya tiene 5), no sin sus desafíos, y aunque aún se queja de tener que ir y le cuesta despedirse, tiene amiguitas y se le nota mucho todo lo que le ha ayudado esa primera incursión en lo que es la independencia. Ama aprender y enseñar, y por suerte va a un jardín muy bueno, en donde hablan del espacio, de artistas como Salvador Dalí y Jackson Pollock, Monet y de mil cosas más, y a ella le encanta contarnos todo lo que aprendió. Y le encanta corregir… el otro día le pregunté si quería un croissant con dulce de leche para el desayuno y me contestó “Sí, mami, pero en español se dice medialuna”. El año que viene empieza la escuela primaria, no puedo creer que ya esté tan grande. A veces se  hace la viva y me habla en inglés, así que llega la hora de ponerme firme otra vez. Y ni pensar la que me espera el año que viene con la escuela… ya estoy preparando el “contraataque”, fotocopias en español y clases para hacer cuando vuelva de la escuela.

Bianca ya tiene tres años, una cabeza llena de rulos hermosos pero que no crecen y que no me deja lavar y una pasión por la música que me mata de amor… todo es una canción, desde los “broccoli trees” que dice ver por la ventana del auto hasta el personaje inventado de “doña caca”. Generalmente canta en español, y es entonada en lo que se inventa, aunque la letra no rime. Hasta tiene una canción para cuando se limpia después de ir al baño, “me limpié bien, no me limpié bien”. Tiene mil palabras bellas como “frandía” (tranvía), gomitar (vomitar) y un par de verbos que no se los corrijo porque me derriten, como “lickear” (lamer) y “flashar” (tirar la cadena del baño). Créase o no, tiene su propia versión de “ahoramente”, que es “ahorachísimo”! Ama hablar en español y se enoja cuando hablo en inglés a personas a las que normalmente hablo en español.Me atrevo a decir que su español es mejor que su inglés.  A mediados de año fuimos a Argentina y ella se enamoró completamente, no quería volverse! Demasiado amor recibimos… Al llegar al aeropuerto de Sydney y escucharme hablar en inglés con funcionarios de aduana, me decía “¡no, mami, hablá en español!”. Al día de hoy (a casi 3 meses de haber vuelto) me dice “mami, un día vamos a volver a Argentina”.

La pobre está pasando por los celos que pasó su hermana antes de que ella naciera… porque sí, otra de las mil cosas que pasaron este año es que la vida nos sorprendió con un embarazo, a la vejez viruela, poco después de haber cumplido cuarenta (¡si, cumpli cuarenta!).

Así que se viene la tercera nomás. En cuatro semanas y un par de días, para ser exactos. Si bien Bianca está demandante y malhumorada, está feliz con la idea de una bebé, me llena la panza de besos y le habla a su hermanita todos los días. Y ni que hablar de Liila, a la cual le tuve que marcar la fecha en el calendario porque no ve las horas de conocerla. Nosotros, Dave y yo, pasado el shock inicial estamos fortalecidos, enternecidos y entregados a la perspectiva de esta nueva experiencia de ser minoría, como dicen en inglés “outnumbered”. Me pregunto cuál será su versión de ahoramente / ahorachísimo…

Liila, la panza y yo en la playa

¿Te guta?

P1060694Bianca está en la edad de copiar todo lo que esucha y ve. Desde disciplinar a Liila hasta arreglar el auto, a ella le encanta intentarlo todo.

Últimamente, le encanta copiar el jueguito de Liila: poniéndose cualquier cosa en la cabeza, te pregunta “¿Te guta mi somero?”. De a poco, lo fue transformando, poniéndose algo en la cintura y preguntando “¿Te guta mi vetido?” o en el pie “¿Te guta mi zapato?”.

Ella usa una bolsita para dormir con un cierre al frente, así yo me quedo tranquila de que no se me destapa de noche en el gélido invierno melburniano. El sábado a la mañana, estando los cuatro en la cama grande, Bianca de repente mira el bulto que le había hecho el cierre de la bolsita en el pecho, y le dice a Dave, “¿Daddy, te guta mi tetas?”.